Recientemente, una compañía de comida australiana transmitió una publicidad donde se les preguntó a padres y niños: “Con quién te gustaría cenar más en la vida? Los adultos nombraron celebridades, estrellas de cine y gente famosa que admiraban. Los niños, casi sin excepción, nombraron sus padres. Querían comer con ellos, pasar tiempo con ellos.

El valor de la familia y del matrimonio lo sentimos en nuestros corazones; todos desean familia e intimidad. Aún la gente que no cree en el matrimonio desea “derechos del matrimonio”. Nuestra cultura moderna occidental desea familias llenas de amor y estables, pero no sabe como conseguirlo. Todos los expertos nos dicen que debemos seguir los dictados nuestro corazón, que pongamos atención a como sentimos, y pensemos mas en nosotros mismos y así podremos ser felices.

¿Pero será verdad? Vivimos en un mundo que promueve la anticoncepción para disfrutar noches de sexo sin preocupación; que nos dice que la “experimentación” y promiscuidad es algo sano; que parejas unidas en santo matrimonio puedan separarse sin consecuencias. La voz de la Iglesia es vista como algo anticuada e irreal – hasta quizá cruel e inhumano. ¿Cuál voz deberíamos seguir?

¡Se nos ha regalado un guía seguro a la felicidad – a la felicidad eterna! En el Evangelio de San Mateo, Jesús le dice a San Pedro, “Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.”(Mt. 16:18-19)

Estas palabras se las dijo no sólo a Pedro sino a todos sus sucesores. Cuando escuchamos las voces diferentes que nos obligan a cosas diferentes, sabemos que, donde esta Pedro, esta Cristo. Pedro esta a cargo de la Iglesia.

La Iglesia en Tiempos Turbulentos

El día 25 de julio de 1968, el Beato Pablo VI promulgó Humanae Vitae (Sobre la Vida Humana), una encíclica sobre la vida humana y su transmisión. Casi cincuenta años después de la publicación de este documento hermoso, podemos ver como Dios inspiró el Santo Padre en todo lo que escribió. Necesitamos volver a leer y reflexionar sobre Humanae Vitae. El Beato Papa Pablo VI dio una exhortación a obispos acerca del matrimonio la cual es aún más necesario para todos los obispos que la escuchan hoy:

A todos dirigimos una apremiante invitación. Trabajad al frente de los sacerdotes, vuestros colaboradores, y de vuestros fieles con ardor y sin descanso por la salvaguardia y la santidad del matrimonio para que sea vivido en toda su plenitud humana y cristiana. Considerad esta misión como una de vuestras responsabilidades más urgentes en el tiempo actual. (Humanae Vitae [HV] 30)

Dios nos ha dado un diseño para una vida matrimonial feliz. Hemos pasado más de 50 anos ignorándolo y vemos los resultados en una sociedad dañada. No podemos permanecer en silencio. La Iglesia debe hablar con fuerza y sin temor, como el Papa Pablo VI ensenó: “La Iglesia no podía ignorar por tratarse de una materia relacionada tan de cerca con la vida y la felicidad de los hombres.” (HV 1).

Examinamos el contexto de Humanae Vitae. Giovanni Cardinal Montini tenía 65 anos cuando fue elegido Papa Pablo VI en 1963, en medio del Concilio Vaticano Secundo. Sirvió con fidelidad como Papa por 15 años, tal vez los más difíciles en la historia del mundo y de la Iglesia.

Fue la era de la llamada Revolución Sexual y tumulto cultural. Fue la era de Rock and Roll, de llegar a la luna, de la guerra de Vietnam, de Martin Luther King. En una reflexión sobre Humanae Vitae, cuando el fue el Penitenciario Apostólico Mayor, James Cardinal Stafford, entonces un sacerdote de Baltimore, describió como, en los 50 y 60, los nacimientos fuera de matrimonio aumentaron muchísimo, y fue cuando él encontró por primera vez abusadores de drogas duras y, más y más, familias rotas.

Su Ordinario, Lawrence Cardinal Shehan, Arzobispo de Baltimore, formo parte de la comisión que aconsejó el uso de anticonceptivos. Otras Iglesias Cristianas habían permitido la anticoncepción desde la Conferencia de Lambeth en 1930, y cuando Humanae Vitae fue promulgada los anticonceptivos orales habían estado en el mercado por unos 8 anos.

¿Qué pasaba en la Iglesia? El Concilio Vaticano II había terminado tres años antes, y había turbulencia y confusión sobre lo que verdaderamente el Concilio había querido hacer. Entre 1962 y 1970 había cinco nuevos misales publicados por la Iglesia. (¿Se acuerdan cuánta turbulencia y confusión una edición sola en 2002 y una traducción nueva en 2011 han causado? ¡Imagínense un libro nuevo cada sois anos!)

En fin, había un mundo de confusión adentro de la Iglesia y fuera de ella. La moralidad, la liturgia y aun la fe misma parecían estar abiertas a interpretación libre. Todo esto el Papa buscaba clarificar y sanar.

Amonestaciones y Remedio

Es hora, entonces, de reagrupar y escuchar al Papa Pablo VI. Es hora de restaurar lo que ha sido olvidado en nuestra comprensión del matrimonio. Es hora de releer y tomar a pecho las amonestaciones escuchadas en la voz profética de Humanae Vitae.

Recuerden que no está todo perdido: hay esperanza. El Papa Pablo VI no solo nos mostró la maldad que es olvidarnos de Dios y de su plan por la humanidad; nos dio también un remedio. ¿Qué remedios nos dio para nuestra cultura de la muerte?

Primero, nos recuerda mirar hacia la fuente del matrimonio: la gracia y la cruz de Jesucristo:

Los esposos cristianos, pues, dóciles a su voz, deben recordar que su vocación cristiana, iniciada en el bautismo, se ha especificado y fortalecido ulteriormente con el sacramento del matrimonio. Por lo mismo los cónyuges son corroborados y como consagrados para cumplir fielmente los propios deberes. (HV 25)

Dios ha llamado a las parejas al matrimonio. Eso viene de su bautismo.

Hay una tentación moderna de romantizar las partes equivocadas de un casamiento y del matrimonio. No son las velas y la iluminación ni el vestido lo que son importantes; lo que es glorioso es la fidelidad y el hecho que este hombre es único e irremplazable para esta mujer y esta mujer es única e irremplazable para este hombre. Es el hecho de que compartan un privilegio que Dios no da ni a los ángeles: a ser el medio por el cual nuevas personas, destinadas a la gloria del cielo, son creadas. Es el hecho de que, para el matrimonio cristiano, Dios ha decidido que el amor del esposo por la esposa y la esposa por el esposo es el medio por la cual comparta su propio amor, su gracia, su salvación. Toman sobre si nuevas responsabilidades en el corazón de la Iglesia: son llamadas a ayudarse mutuamente a llegar al cielo, a engendrar nuevos miembros de la Iglesia, a alzar nuevos tronos en el cielo.

El matrimonio no es vivido simplemente aquí en la tierra: se trata de gloria eterna y celestial. Dios mismo reúne a las parejas: “Que el hombre no separe lo que Dios ha unido” (Mt. 19:6). Jesucristo ha unido en matrimonio desde la cruz, uniéndolos con las gracias ganadas en el Sagrado Corazón. Es el sendero que Jesús eligió para la santa mas grande, su propia Virgen Madre.

Dado que el corazón de Jesús es la fuente del matrimonio cristiano, y la cruz de Cristo es donde el se ganó la gracia para que las parejas humanas entraran. en santo matrimonio, debemos volver a la cruz y al corazón de Cristo para poder restaurar y sanar matrimonios. El Papa Pablo dijo a sus sacerdotes,

“Enseñad a los esposos el camino necesario de la oración, preparadlos a que acudan con frecuencia y con fe a los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia, sin que se dejen nunca desalentar por su debilidad.” (HV 29)

Los Frutos de Auto Disciplina

Debemos una vez más aprender el valor de generosidad y autodisciplina, de aprender que no soy el “número uno”. Aquel título pertenece a Dios. No soy ni el número dos. Poniendo el bien de los otros ante de mis urgencias y deseos, aprendo amar. Aprendiendo el control de mi mismo, me doy la libertad de amar. En Humanae Vitae, el Papa Pablo VI describió ocho valores para entrenar a nuestros corazones en el auto-disciplina, especialmente en la esfera de intimidad matrimonial.

  • Da al amor un carácter mas humano, dado que no es animal ni consumidor del otro.
  • Desarrolla la personalidad de esposo y esposa, en especial, espiritualmente.
  • Trae tranquilidad y paz.
  • Engendra altruismo y bondad.
  • Aleja el amor propio desordenado.
  • Aumenta la conciencia de las responsabilidades de la pareja el uno hacia el otro y hacia Dios.
  • El autocontrol por amor da a la pareja mayor influencia sobre sus hijos.
  • Da a los niños un justo sentido de valores, ayudándolos a alcanzar el uso apropiado de sus potencias mentales y físicas. (HV 21)

Recientemente el actor Terry Crews hizo pública la noticia que él y su esposa tomaron un “ayuno sexual” de noventa días como parte de su tratamiento de recuperación después de que su adicción al porno casi destruyó su matrimonio de 25 años. Descubrió que aprendiendo auto control lo habilitó a amar su esposa mejor e hizo mas fuerte su matrimonio.

Una parte de aprender generosidad y comunicación viene de aprender los ritmos del cuerpo – es decir, conocer a la persona real a la cual te prometiste tú mismo para siempre.

Por consiguiente, si para espaciar los nacimientos existen serios motivos, derivados de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges, o de circunstancias exteriores, la Iglesia enseña que entonces es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras para usar del matrimonio sólo en los periodos infecundos y así regular la natalidad sin ofender los principios morales que acabamos de recordar… pero es igualmente verdad que solamente en el primer caso renuncian conscientemente al uso del matrimonio en los periodos fecundos cuando por justos motivos la procreación no es deseable, y hacen uso después en los periodos agenésicos [infecundos] para manifestarse el afecto y para salvaguardar la mutua fidelidad. Obrando así ellos dan prueba de amor verdadero e integralmente honesto. (HV 16)

Tres Son Necesarios en el Matrimonio

Todo esto significa mas que simplemente fidelidad, generosidad y comunicación entre la pareja. Dios también entró en su matrimonio. El sacramento toma lugar no simplemente entre un hombre y una mujer sino entre un hombre, una mujer y el Creador mismo. Esto significa que debe haber fidelidad, generosidad y comunicación con Dios. Significa dejar que Dios nos diriga; significa seguir la belleza del gran diseño de Dios.

Usar este don divino destruyendo su significado y su finalidad, aun sólo parcialmente, es contradecir la naturaleza del hombre y de la mujer y sus más íntimas relaciones, y por lo mismo es contradecir también el plan de Dios y su voluntad. Usufructuar, en cambio, el don del amor conyugal respetando las leyes del proceso generador significa reconocerse no árbitros de las fuentes de la vida humana, sino más bien administradores del plan establecido por el Creador…“La vida humana es sagrada —recordaba Juan XXIII—; desde su comienzo, compromete directamente la acción creadora de Dios” (HV 13)

Para vivir verdadera generosidad y vivir verdadero amor, necesitamos a Dios, necesitamos su gracia. Es curioso, pero muchos de nosotros nos sentimos incomodos de pedirle su gracia. Pensamos casi que somos mas libres o mejores personas si podemos “hacerlo solos”. Podemos estar un poco embarazados a involucrar Dios cuando estamos en dificultad. Sin embargo, nadie lo encuentra embarazoso cuando necesitamos aire o comida. Nadie dice, “no lo vas a creer, pero hoy tenia que comer” o “tenia que respirar estos últimos cinco minutos”.

Por supuesto que los necesitamos. ¿Por que pensamos que necesitamos a Dios menos? Dejar a Dios afuera del matrimonio, echarlo de nuestro dormitorio (o la cocina, o el garaje) solo terminara en desastre y miseria. El uso apropiado de los derechos de matrimonio y de la regulación del nacimiento “exige un serio empeño y muchos esfuerzos de orden familiar, individual y social. Más aún, no sería posible actuarla sin la ayuda de Dios, que sostiene y fortalece la buena voluntad de los hombres. Pero a todo aquel que reflexione seriamente, no puede menos de aparecer que tales esfuerzos ennoblecen al hombre y benefician la comunidad humana.” (HV 20)

Parentesco Responsable

Humanae Vitae nos ensena que debemos aprender parentesco responsable (HV 10). Sin embargo, la definición de la palabra del Papa es extremadamente diferente de la definición de la cultura de la muerte. Hay cuatro partes para ser padres responsables:

  • Conocer el cuerpo y respetarlo
  • Controlar nuestras emociones y nuestros impulsos
  • Evaluar las condiciones reales de la vida y decidir generosamente tener mas hijos.
  • O, “por motivos serios y con respeto a los preceptos morales, decidir no tener mas hijos por un periodo de tiempo o por tiempo indefinido” (HV 10).

El Papa continua con la clave de todo:

La paternidad responsable comporta sobre todo una vinculación más profunda con el orden moral objetivo, establecido por Dios, cuyo fiel intérprete es la recta conciencia. El ejercicio responsable de la paternidad exige, por tanto, que los cónyuges reconozcan plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo mismo, para con la familia y la sociedad, en una justa jerarquía de valores. (HV 10)

En el jardín de Edén, cuando el hombre rebelo contra Dios, la naturaleza y nuestra propia carne se rebelaron contra nosotros. Dios es la Fuente de todo Bien – a separar la vida y amor humano de El es remover el corazón del matrimonio. Va a sangrar. Para sanar, necesitamos reorganizar nuestras vidas según el plan de Dios – el plan bueno de Dios, el único plan que nos puede hacer realmente felices.

El Papa Pablo VI nos dice:

El matrimonio no es, por tanto, efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes; es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor. Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas. (HV 8)

Continúa explicando lo que el amor matrimonial significa:

“Quien verdaderamente ama a su esposo(a), ama no por lo que recibe, sino ama aquella persona por su propio bien, contento por poder enriquecer al otro con el don de si mismo.” (HV 9)

Tu Esposo, (a) es Tu Prójimo

En todo esto, el Papa Pablo VI se anticipa al Papa Juan Pablo II y la Teología del Cuerpo. Si los pones uno al lado del otro, vas a ver los mismos temas, el mismo enfoque, las mismas verdades siendo pronunciadas.

Es fácil mirar cuestiones abstractas, pero es difícil mirar a personas reales, especialmente cuando aquella persona eres tú mismo. Esto fue la dificultad del estudioso de la ley quien le hizo a Jesús la pregunta que conducía a la parábola del Buen Samaritano (Lk 10:25-37): ¿quien es mi prójimo? ¿Realmente, a quien debemos aplicar esta verdad?

Si estas casado, esto se aplica en primer lugar a tu esposo(a). Restaura tu propio matrimonio. Renueva en tu corazón los votos de tu casamiento – tal vez aun esta tarde, susúrralos en la oreja de tu amada. Todos nosotros, aun los que no estamos casados (particularmente los sacerdotes y obispos) debemos comprometernos diariamente a la verdad – la verdad gozosa – del amor autentico del matrimonio. Esto finalmente significa un compromiso renovado a Dios. Nuestro mundo necesita testigos de la verdad – la Verdad personificada en Jesucristo.

 

Este articulo esta adaptada y traducida del discurso del Obispo Wall a la conferencia nacional de Catholic Answers en Marzo: “Restaurando el Matrimonio Hoy”.

Comments

comments