Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Les escribo hoy con un profundo sentimiento de tristeza.  He sentido enojo, como también ustedes, en primer lugar por las alegaciones de comportamiento abusivo de parte del arzobispo McCarrick, seguido inmediatamente con el informe devastador del Gran Jurado de Pennsylvania.

Debemos reconocer, con toda claridad, que las acciones del clero que abusaron, y de los obispos que los protegían, no son solo vergonzosas, sino también profundamente malas.  Esta es la cara del pecado, permitida pudrirse por años, y demasiadas veces, estos actos fueron cometidos en contra de los más débiles y vulnerables entre nosotros: los niños y menores.  Estos sobrevivientes, quienes tendrían que haber encontrado santidad y refugio dentro de la Iglesia, en vez, experimentaron abuso espantoso y dolor.

Además, con las revelaciones recientes del Arzobispo McCarrick, parece que muchos sabían de rumores o alegaciones y no se hizo nada.  Cuando los Obispos Americanos crearon el Charter for the Protection of Children and Young People en Dallas en 2002, claras indicaciones fueron dadas por el manejo de  alegaciones de abuso en el caso de sacerdotes.  Sin embargo, no hay claras normas a seguir en el caso de alegaciones de abuso o mal manejo por parte de Obispos y Cardinales.

Todavía tenemos mucho trabajo para hacer, especialmente nosotros obispos, quienes somos llamados a actuar como pastores del rebaño, pero que hemos permitido, en muchos casos, a los lobos a correr sin límites entre las ovejas.  El Cardinal Daniel DiNardo, el Presidente del Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, ha delineado un nuevo plan para combatir abusos en todos los niveles de la Iglesia.  Este plan unirá los esfuerzos de los laicos, expertos en la aplicación de la ley, psicólogos, como otros expertos en el tema, y el Vaticano, quienes serán dados plena autoridad de cumplir una investigación independiente y consultación en tres áreas principales:

1. Una investigación en los asuntos que involucra el Arzobispo McCarrick.  Cuántas personas vulnerables, seminaristas y menores, fueron abusados y qué se puede hacer para evitar abusos de obispos y cardinales en el futuro?

2. El Charter no da directivos claros para dar aviso o investigación de alegaciones de abuso o mal actuación de los obispos. Herramientas para denunciar alegaciones deben ser más fácilmente accesibles.

3. Finalmente, procedimientos claros estarán elaborados para resolver quejas contra los obispos, para resolverlos de manera rápida, justa y transparente.

El Cardinal DiNardo también enumeró tres criterios para lograr estas metas:

1. Independencia.  El proceso para resolver quejas y alegaciones contra los obispos deben estar libres de parcialidad e interferencia por el obispo.

2. Autoridad.  Sólo el Papa tiene autoridad para disciplinar o remover los obispos, y nuevas normas deben respetar sea su autoridad como también proteger las personas vulnerables del abuso del poder del obispo.

3. Involucrar a los laicos. Laicos adeptos en la aplicación de la ley, psicología, investigación, y otras disciplinas relevantes estarán involucrados y dados el poder de actuar independientemente de cualquier influencia de un obispo.

Quiero expresar mi apoyo a este plan y las acciones que están bosquejadas en ello.  No va a borrar los pecados del pasado, ni eliminar las experiencias horríficas de los sobrevivientes del abuso.  Pero será, espero, un inicio de un esfuerzo para fortalecer y construir sobre nuestras políticas para prevenir abusos para responder más eficazmente a alegaciones de abuso en la Iglesia, incluso alegaciones contra obispos y cardinales.

En la diócesis de Gallup, mantenemos altísimas niveles de entrenamiento e informes de cualquier alegación de abuso.  Nuestra Coordinadora de Asistencia para Victimas de Abuso, Elizabeth Terrill es una Consejera Clínica Licenciada que tratará toda alegación inmediatamente mientras respetará la confidencialidad de los sobrevivientes.  Si estás sufriendo, o estás en necesidad de ayuda o recursos, por favor llamarla a cualquiera hora al número: 505 906 7257. Si has sido víctima de abuso, te pido llamar a la policia inmediatamente.  La diócesis de Gallup sigue cometido a colaborar con las agencias de la ley en todo y incluso hasta la investigación y enjuiciamiento de actos criminales y mala conducta, y a una cultura de cero tolerancia.

No hay lugar en la Iglesia para ignorar el pecado,  por cuidar más nuestra reputación que por seguir a Cristo sin miedo.  Cualquier complacencia o silencio en la respuesta al mal actuar, no debe ser tolerado; cualquier celebración de una cultura de inmoralidad debe terminar.

Este verano marca el cincuentenito aniversario de la Encíclica del Papa Pablo VI, Humanae Vitae, la cual es más relevante que nunca.  Nosotros, obispos, clérigos, religiosos consagrados y laicos, debemos buscar lograr los ideales marcados en Humanae Vitae.  Debemos recordar la belleza de la sexualidad humana, y recordar que el acto sexual es reservado para el matrimonio de un hombre y una mujer,  dándose mutuamente el uno al otro en libertad y amor y abierto a la creación de nueva vida.  Cada  persona está llamada a vivir la virtud de la castidad según su estado de vida. Acciones que desvían de la vocación a la castidad conducen a la devastación y hacia una cultura dentro de la Iglesia y de la sociedad que está dispuesta a excusar e ignorar el pecado.

También apoyo cualquier esfuerzo para reformar las políticas en nuestros seminarios para asegurar que nuestros futuros sacerdotes vivan y estudien de manera segura en un ambiente que fomente su vocación y no tolere el acoso sexual o el comportamiento inmoral.

Para recordarnos de esta llamada a la santidad, y a rechazar la complacencia y el silencio, quiero pedir a cada sacerdote de la diócesis de Gallup, comenzando en setiembre, de ofrecer y dedicar públicamente una vez al mes una Misa, en reparación por los pecados de abuso por cardinales, obispos y clero. También pido los que participan, sean laicos o clero, de emprender una profunda examinación de conciencia durante este tiempo, y me incluyo a mi mismo en este esfuerzo. Hemos ignorado mala conducta?  Hemos cedido al pecado de la desesperación, dado que debido a las acciones de algunos dentro de la Iglesia, hemos pensado que no hay sentido en buscar el cambio?  Hemos emprendido el esfuerzo de servir a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con todo nuestra fuerza?  Hemos fijado nuestros ojos en el Cristo viviente, siguiéndolo con cada paso, y buscando santidad?

Finalmente, humildemente les pido su oración.  Ruega por mi y por nuestros sacerdotes, que seamos implacables en preferir a Cristo sobre todas las cosas. Ruega por favor también especialmente por los sobrevivientes del abuso, aquellos de nuestra diócesis, de América, y de todo el mundo entero, que encuentren la sanación y justicia.

En Cristo,

Obispo James S. Wall

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